martes, 23 de agosto de 2016

#37 Desfile

Escribe una historia con los siguientes elementos: orejas, bufanda, sonajero y guirnalda.

Al principio de todo solo había oscuridad. Poco a poco se fue iluminando su mundo, hasta que irrumpió en llanto. Los doctores dijeron que estaba todo bien, era un bebé perfectamente sano, así que en cuanto su madre se hubo recuperado, se llevaron al nuevo miembro de la familia a casa. Allí le recibió toda la familia con besos y regalos. La casa se llenó de 
(alguien me coge de la mano y me la aprieta con cariño)
ositos de peluche, ropa enana y sonajeros de todos los colores. Tras muchas noches en vela, el bebé fue creciendo, aprendiendo a hablar, gatear, andar... Después llegó la guardería, y más tarde la escuela. Allí hizo sus primeros amigos. Llegada del nuevo bebé a casa, un hermanito.
El instituto. Nuevos amigos y miradas cómplices entre lección y lección. Hubo largas conversaciones telefónicas. Llegó la navidad, los abrigos, las bufandas, las guirnaldas y los paseos de la mano bajo la nieve. El primer beso. El primer amor.
Fiestas y alcohol y resacas y sexo. Novelas policíacas por doquier. Y tabaco, de eso no faltó en ningún momento. También conciertos, puños alzados, golpes de porra. Dudas. Muchas dudas. ¿Qué quiero hacer con mi vida? Poco a poco los dos se fueron distanciando, hasta la ruptura.
Inicio de la universidad, Derecho. Piso de estudiantes. Nuevos amigos
("Mamá")
y nuevos amantes. Mismo vicio, humo por todas partes. Pero al final, después de esforzarse tanto, deja la universidad.
Primer trabajo, en una pequeña cafetería del barrio. Primer y único trabajo. Un accidente de tráfico, adiós mamá. La familia reunida alrededor de la tumba, y las lágrimas fluyen.
Otra pareja, ésta vez definitiva. Un anillo, gran boda. Retraso, el predictor marca positivo. 9 meses sin tabaco. Vómitos y antojos, alguna que otra patada. Nacimiento. Alegría. Besos para el bebé. En la cabecita, el cuerpo, las orejas. Victor. Crece, pero sin padre. Él solo dejó una breve nota diciendo que no era feliz, y que esperaba que todo fuera bien a partir de ahora.
Se encuentra sola, con un bebé a su cargo e intentando mantenerse con su sueldo de camarera. Por lo menos allí puede fumar. Queda con su hermano, y le pide que le preste dinero, pero él se niega. Tienen una fuerte discusión. No se vuelven a ver durante años. El hijo va a la escuela -un poco más tarde de lo normal-. Ella le ayuda en todo lo que puede. Él sigue creciendo y su amistad le consigue un pequeño trabajo, que ayuda
(Joder si ayudaba, la verdad es que no sé qué hubiera hecho sin él)
bastante. El niño pasa a ser un hombre sin que ella se dé cuenta. Sabe que trabaja en cosas ilegales, pero cree que eso le podrá sacar de la miseria en la que ha vivido desde su infancia.
Una visita al médico, "lo siento, tiene usted cáncer". Lágrimas fluyendo de nuevo. Quimio. Radio.
(otra manera de describir la tortura)
El tabaco está prohibido. Le da igual. Victor la acompaña hasta hospital. Sin pelo, se estira en la cama, a la espera del final, rodeada de la persona a la que más quiere. Le acaricia la cara mientras él intenta esconder las lágrimas, sin resultados. Se abre la puerta y aparece el hermano, después de tantos años. Se alegra de verle.
Tose sin parar, las fuerzas se van. Cierra los ojos. Sonríe sin ver.
Oscuridad.

Guillermo Domínguez

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